miércoles, mayo 22

El Ecoparque de CABA: de exhibir animales a la investigación para la conservación

Tras trece décadas de almacenar y mostrar animales exóticos, el ex-Zoo se convirtió en Ecoparque y se dedica a la investigación en reproducción. Lleva adelante una decena de proyectos conservacionistas.

Había una vez, en Buenos Aires, un gran zoológico que albergaba miles de animales traídos de todos los confines del mundo. Ese lugar se convirtió en un destino clásico del turismo sudamericano y entretuvo a generaciones de chicos, durante trece décadas. Pero, entrado el siglo XXI, la exhibición de ejemplares salvajes pasó de moda. Así, en 2016 el Zoológico porteño inició un proceso de reconversión: de mega-centro de exhibición de grandes bichos exóticos pasó a “Ecoparque“, cuyos cuerpo profesional se dedica a la investigación en conservacionismo ambiental.

Y para honrar su tradición de más de un siglo, nuevamente el predio se convirtió en un centro de referencia para América latina. Esta vez no por su colección de ejemplares sino por los trabajos de un equipo de profesionales especializado en biodiversidad y por sus proyectos para preservar especies en severo peligro de extinción.

“Hoy en este predio centenario trabaja un equipo de más de de 20 veterinarios, biólogos, cuidadores, técnicos en biodiversidad y una decena de voluntarios”, le contó a PERFIL la bióloga Agustina Sviderskos, integrante del área “Conservación y Nuevos Proyectos” del Ecoparque de CABA. Y agregó: “actualmente tenemos activos una docena de proyectos de conservación y de reproducción de animales que, por diversas causas, están amenazados por la extinción.

Algunos de esos programas son “Cóndor Andino”, “Tapir”, “Herpetofauna Chaqueña”; “Conservación de Guacamayo rojo”. “Caracoles de Apipé y Anfibios Amenazados” y “Cría de Cardenal Amarillo”, entre otros”.

Un hospital veterinario de avanzada

Otra de las áreas esenciales del Ecoparque es el hospital veterinario. Su equipo médico y de enfermeros es el encargado de dos tareas: una clásica, brindar atención médica básica y compleja a los animales que aún tienen allí su hogar. Son ejemplares gerontes, prácticamente imposibles de derivar a santuarios ya sea por su edad o deteriorado estado físico. Y esa tarea se complementa con la atención a animales lastimados o accidentados (grandes aves rapaces, por ejemplo), que suelen llegar ya sea de la mano de algún particular o trasladados por la Justicia tras la realización de allanamientos y clausuras por el delito de tráfico de fauna, una actividad ilegal que –lamentablemente– sigue siendo muy activa y lucrativa.

En ese mismo hospital funciona otro centro de excelencia: el “biobanco“. Allí se estudian y se preservan recursos genéticos de fauna. “Lo que tenemos almacenado son muestras congeladas de pelos, tejidos de piel, sangre, células madres, plasma, semen, ovocitos y embriones de diversos animales”, le contó a PERFIL el biólogo Adrián Sestelo, Director del Laboratorio de Biotecnología Reproductiva para Conservación de Fauna Silvestre. Según este experto, buena parte de lo guardado en cofres refrigerados a bajísimas temperaturas, es “material biológico considerado ‘viable’ y que podemos usar en los laboratorios para hacer investigaciones complejas sobre especies que hoy están amenazadas por la extinción. Nuestras muestras del biobanco, se usan para intentar reproducir ejemplares y –de esa manera– ayudar a mejorar las perspectivas de dichas especies en el futuro.

Este laboratorio ya se convirtió en el biobanco de este tipo más grande e importante de toda América latina: actualmente conserva 8764 muestras, de 815 individuos, pertenecientes a 123 especies diferentes.

Algo más de la mitad de los que se preservan bajo altos cuidados proviene de muestras de especies animales autóctonas. Pero también almacenan información de animales exóticos que se obtuvieron de los residentes del antiguo Zoo porteño.

Sestelo recalca que “de todos modos, hoy el foco de nuestro biobanco está puesto en preservar material genético de fauna local amenazada para poder usar esas muestras en estudio de largo plazo y en programas de conservación de diversidad; algo que estamos perdiendo a pasos agigantados”.

Las especies más numerosas de las preservadas en las bóvedas frías, son muestras de mamíferos y de aves. Entre los primeros hay muchos felinos, incluyendo al clásico yaguareté, el puma y el gato andino. También hay genética de ciervos ‘raros’ , como el huemul y el Pudú, corzuelas, aguará-guazú y diversos primates ‘clásicos’ como el mono Carayá. También aves majestuosas como el águila coronada.

¿Para qué guardar esta data?

La respuesta de Adrián Sestelo, director del Laboratorio, es clara: “todos estos estudios nos permiten conocer la fisiología reproductiva de muchos animales y desarrollar métodos para facilitarla en el futuro. Entender estos detalles nos permitirá, de ser necesario, poner a punto planes de reproducción y liberación de ejemplares en la naturaleza, lo que ayudará a que esas especies no se extingan”.

Cada tipo de animal difiere fisiológicamente y hay que estudiar mucho cada especie para poder, eventualmente, usar técnicas de reproducción asistida o de clonación en el laboratorio. “Por ejemplo, ya hemos logrado conservar embriones de yaguareté, una especie que –en Argentina– contabiliza muy pocos ejemplares.

Ahora estamos estudiando cómo transferirlos a hembras para poder completar la reproducción asistida y pensar, en el mediano plazo, en liberar nuevos ejemplares en sus hábitats”. Algo parecido hacen con el “Proyecto Condor, el tapir y con los ensayos de terapias regenerativas dedicados a curar ejemplares lastimados del águila coronada, especie de la que se calcula hay apenas unos 1000 ejemplares en todo el mundo.